Semana 4: Dime que no

Semana 4 - Conociendo Bitcoin IV

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Debes decir que no a muchas cosas para que puedas decir sí a tu trabajo. Valdrá la pena —Lin Manuel Miranda

Te doy un hecho que siempre me llama la atención de este mundo. Cuando voy a tomar con mis amigos, en ocasiones, simplemente no me siento con la capacidad de tomar, me pido una cerveza sin alcohol y les digo que no tomaré. Me miran como bicho raro. ¿Lo soy? Lo mismo cuando decís que vas a ejercitarte temprano antes de que salga el sol, sos un raro, un freak. Decis que no a dormir más y aprovechar el día. El adulto dice no a una injusticia, deja de ser víctima y se convierte en un individuo soberano.

En un mundo donde todo empuja al sí y que quieren que digas que sí a todo, bitcoin entra en reversa y devuelve el poder a las personas para decir que no. No a un sistema que ya no representa tus intereses, no a que decidan por vos, no a que jueguen con tu tiempo y dinero. ¿Es revolucionario? Pinta que sí.

Pero ponete a pensar, siempre te entrenaron para que seas un sí señor. Sí a la maestra, sí al uniforme, sí al currículum, sí a los términos y condiciones del banco, sí a la letra chica, a la inflación anual y al 0.1% de retorno en tus ahorros.

Y aún así, no estás seguro. Es hermoso y horroroso como funciona este sistema financiero. Trabajas, pagas, no alcanza, te endeudas, repites el ciclo. Funciona todo hasta que decis que no. Y ese “no” te saca del carril, te expone como individuo y es incómodo para otros, se pone del lado de los que se cuestionan. Le molesta a la sociedad una persona que piensa que es difícil de gobernar.

Si bien Jim Carrey dijo que sí y es una historia cómica, Rosa Parks dijo “no” a ceder su asiento, Galileo dijo que “no” a retractarse. Los británicos dijeron que “no” a un experimento multinacional que exageraron con sus funciones y responsabilidades. ¿Ves hacia donde vamos? Un acto fundacional en una sociedad permisiva es decir que “no”. Con bitcoin es lo más genial del mundo.

No hace falta gritar, no hace falta salir a la calle. Se instala una wallet, se guarda las frases semillas, compras un poco y de a poco, satoshi por satoshi vas diciendo “no”, recuperando la emancipación que nunca debiste haber perdido. Y eso te hace responsable de vos mismo.

La idea de decir “sí” y que fluya todo, se escuda la idea de que otro se encargue de tu vida. Claro, culpar al sistema, al jefe, al gobierno, a la KGB o a la Virgencita de los Milagros es super fácil. Y cuando decís que no, asumís el control total.

Y el control es difícil.

Controlar tu dinero, tus llaves, aprender a protegerte, cómo funciona bitcoin, aceptar que ya no hay otro responsable más que vos mismo. Estás solo si algo sale mal, eso da miedo pero es lo más hermoso del mundo, ese poder que nunca te dará este sistema financiero.

Cada satoshi que vas guardando, es un mensaje. Cada satoshi que dejas en tu wallet, detiene la inflación en tu vida, afirmando que tu trabajo lo vale y que no estás cotizando en dólares, guaraníes, pesos o rupias. ¿Recuerdan el caso de Canadá? Cuando el gobierno decidió sin ton ni son congelar la cuenta de sus propios ciudadanos. Los protestantes, independientemente estés de acuerdo o no con su mensaje, se dieron cuenta de algo: no tenes control de tu dinero en el sistema.

Y es cuando aprendieron, por las malas, a decir que “no”. Bitcoin empezó a usarse, aumentó las transacciones dentro del mismo territorio por que el sistema te muestra que siempre puede girar contra vos. Bitcoin entró en el sistema de estas personas no a prometer ganancias ni estabilidad, prometió que no se podría censurar tu dinero.

Ya lo decía Hal Finney: “la computación puede ser usada para liberar y proteger a las personas, antes que controlarlas”. Ese mundo no se enseña en los institutos educativos y tampoco lo promoverá ninguna institución financiera. Aún así, existe, está acá esperando.

La modernidad te vende “sí” y te dice que es libertad: crédito, redes sociales, contratos que no podes leer. La libertad de todo pero no existe el “no”. La libertad de consumo, eso. Por ello bitcoin se lo percibe como una posición política, es una línea que se traza en la arena, un acto de desobediencia verificada por las matemáticas. Y te conviertes en un rebelde sin causa porque finalmente entiendes que tu tiempo y tu dignidad no debe derretirse.

Ejercicios

Por eso “no”, esa es la palabra más poderosa del mundo. Considera responder estas preguntas:

  • ¿Cuáles son los tres “sí” más automáticos que das todos los meses con tu dinero? (Ej: débito automático, comisiones, préstamos)
  • ¿Qué costo emocional tiene tu comodidad financiera?
    • ¿Dormís tranquilo?
    • ¿Tenés control o solo costumbre?
  • Si tu banco desapareciera hoy, ¿cuánto perderías? No solo en dinero, también en estructura emocional.
  • ¿A qué instituciones o hábitos te gustaría empezar a decirles “no”?
  • ¿Qué sería para vos un acto simbólico de recuperación? ¿Comprar tus primeros 10.000 satoshis? ¿Explicar bitcoin a alguien que querés?

Escribí sin filtro. Guardalo. Leelo en seis meses. Si para entonces ya dijiste un “no” importante, vas bien. Si no lo hiciste, quizás sea momento de empezar.


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